viernes, 14 de septiembre de 2012

La viuda y el soldado


Una viuda cuyo esposo había sido colgado en cadenas, estaba haciendo vigilia junto al cadáver la primera noche, e imploraba lacrimosa al centinela que lo guardaba que le permitiera robarlo.
Madam -dijo él-, no puedo resistir más sus súplicas, su belleza supera mi sentido del deber. Yo le voy a entregar el cuerpo a usted, y tomar su lugar en la jaula, donde un golpe de mi daga va a confundir a la justicia, y darme la felicidad de morir por una dama tan amorosa.
-No -dijo la dama-, yo no puedo consentir el sacrificio de una vida tan noble. Si en efecto usted me mira con favor, asístame a mí y a mis sirvientes para remover el objeto sagrado a mi chateau, donde usted va a permanecer en ocultación hasta que podamos escapar de la comarca.
-No -dijo el centinela-, yo seguramente sería descubierto y arrancado de sus brazos. En tres días usted puede reclamar el cuerpo de su amado esposo, entonces puede conferir a un soldado honorable tal felicidad y distinción, como pueda pensar su devoción merezca.
-¡Tres días! -exclamó la dama-. Eso es largo para esperar y corto para volar. Si no estuviéramos cargados podríamos alcanzar la frontera. Ya el día empieza a romper... vamos a dejar el cuerpo y partir.

Título original: Widow and soldier, publicado por primera vez en Fantastic Fables, 1899, con la firma: "Ambrose Bierce".
Imagen: Dragonslayrstorm.deviantart.com, Stormy Castle, XXI.

jueves, 13 de septiembre de 2012

El asiático frustrado


Un día del 49 un minero honesto en el condado de Calaveras, en California, se mordió a sí mismo con una culebra menuda de la variedad liguera, y ya como un posible antídoto, o con la determinación de disfrutar el breve remanente de una vida malgastada, se aplicó una jarra de whisky desbordada a los labios, y la mantuvo allí hasta que, como una sanguijuela repleta, ésta cayó.
El hombre cayó del mismo modo.
Al día siguiente, mientras el cuerpo yacía en estado sobre una tabla de pino, y el afligido socio del difunto estaba inflexible en un juego de siete-arriba con un chino amistoso, el juego fue interrumpido por una voz familiar, que parecía proceder de la mandíbula del cadáver:
-¡Yo digo, Jim!
El socio afligido jugó el rey de espadas, reclamó “alto” y entonces, mirando sobre su hombro a los restos melancólicos, replicó:
-Bueno, ¿qué es, Dave? Yo estoy ocupado.
-¡Yo digo, Jim! -repitió el cadáver en el mismo tono mesurado.
Con una mirada de molestia intensa, y murmurando algo acerca de “la gente que nunca puede parar de estar muerta más de un minuto,” el socio afligido se levantó y se paró sobre el cuerpo con las cartas en la mano.
-Jim -continuó el muerto poderoso-, ¿cuán lejos ha ido esta cosa?
-Yo le he pagado al chino dos y medio por cavar la tumba -respondió el afligido.
-¿Él le pegó a algo?
El chino miró arriba:
-Yo pegal al pago sucio, yo no entelal a mejicano muelto en su tumba. Yo mantenel su leclamo.
El cadáver se sentó erguido:
-Jim, agarra mi revólver y espanta a ese coleta de cerdo. Salta su maldito sepulcro y ponle impuesto a su campamento, cinco dólares a cada uno por prospección en dominio público. Esas hordas mongólicas tienen que ser puestas abajo. ¡Y yo digo, Jim!, si algunas serpientes más vienen bobeando por aquí, ahuyéntalas. No está bien ser un leñador mordido, cuando el whisky está a dos dólares el galón. ¡Malditos sean todos los extranjeros, de todos modos!
Y la parte mortal se puso las botas.

Título original: The Baffled Asian, publicado por primera vez en The Fiend's Delight, 1873, con la firma: "Dod Grile".
Imagen: Kenneth Wyatt, Christ and the Cowboy, XX.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

La esposa fiel


“Un hombre fue sentenciado a veinte años de confinamiento por un acto de violencia. En la excitación del momento su esposa buscó y obtuvo el divorcio. Trece años después él fue perdonado. La esposa trajo el perdón al portón, la pareja dejó el sitio tomada del brazo, y en menos de una hora estaban unidos de nuevo por los lazos del matrimonio.”
Tal es el cuento conmovedor narrado por un corresponsal de periódico. Es verdad en todos los aspectos, yo conocía a las partes bien, y durante ese largo amargo período de trece años, comúnmente se preguntaba concerniente a la mujer: “¿Esa arpía no ha atrapado a alguien aún? Ella tendrá que tomar de vuelta al viejo Jabe cuando este salga.” Y lo hizo. Por cerca de trece años fatigosos ella luchó noblemente contra el destino: fue tras cada hombre no casado en su parte de la comarca, pero ellos decían “no”, “nosotros no podemos en efecto, no podemos casarnos contigo, después de la forma en que le diste la espalda a Jabe. Es probable que bajo las mismas circunstancias, tú nos hubieras jugado la misma treta ruin. ¡Vete mujer!” Y así la pobre vieja criatura de corazón partido tuvo que ir al gobernador, y conseguir que el hombre viejo fuera perdonado. ¡Bendita sea por su estable fidelidad!

Título original: The Faithful Wife, publicado por primera vez en The Fiend's Delight, 1873, con la firma: "Dod Grile".
Imagen: John Paul Strain, Nathan Bedford Forrest and Mary Ann Montgomery, XXI.

La retribución


Un ciudadano de Pittsburg de sesenta años había, por la industria incansable y el ejercicio de una economía rígida, acumulado una reserva de dólares frugales, la vista y la sensación de la cual eran para su alma un puro deleite. Imaginen su dolor y la pesadez de su corazón anciano cuando se enteró, de que su buena esposa había otorgado de ésta a su hermano, una abundante largueza que excedía su mérito. Triste y rezando mientras ella dormía, él elevó el mazo retributivo y golpeó su mollera frágil. Entonces con la dignidad tranquila de uno que ha reparado un error grave, se entregó a la ley de ese digno hombre viejo. Dejemos a él, que nunca ha conocido el gran pesar de asesinar a una esposa, juzgarlo con aspereza. El que esté libre de pecado entre ustedes, que tire la primera piedra, y que sea una gran piedra pesada, que triture a ese hombre viejo malvado en un polvo de excesiva impalpabilidad.

Título original: Retribution, publicado por primera vez en The Fiend's Delight, 1873, con la firma: "Dod Grile".
Imagen: Abraham Lincoln Vampire Hunter Poster (detail), XXI.

martes, 11 de septiembre de 2012

L. S.


Una tarde temprano en el otoño del 64, una muchacha pálida estaba parada cantando himnos metodistas, en la cumbre de la colina de la calle Bush. Estaba ataviada a la moda española con un sobretodo suelto y unas pantuflas. Súbitamente rompió su canto, un joven soldado de cejas oscuras del presidio se aproximó con cautela y, asiéndola en sus brazos con cariño, le arrebató el sobretodo, retirándose con éste a una casa de subasta de la calle Pacific, donde aún puede ser visto por el viajero anochecido, ¡justo yendo por dos y medio y nunca ido!
La pobre doncella, después de ese infortunio, sintió que un amargo resentimiento se hinchaba en su corazón y, tras desdeñar quedarse entre su clase con ese vestido, tomó su camino a la Casa Cliff, a donde arribó gastada y cansada sobre la hora del desayuno.
El dueño la recibió con amabilidad y le ofreció un par de sus mejores pantalones, pero ella era de sangre noble y, habiendo sido criada en el lujo, declinó de modo respetuoso recibir caridad de un extraño de bajo nacimiento. Todos los esfuerzos para inducirla a comer fueron igualmente inválidos. Ella se paraba por horas en las rocas donde el camino descendía a la playa, y miraba a las focas juguetear en la marejada debajo, quienes parecían más bien halagadas por su atención, y nadaban alrededor cantando sus cantos más dulces para ella sola. Los pasantes eran igualmente curiosos en cuanto a ella, pero una lira rota no daba más música, y su corazón no respondía con algún himno más de larga métrica.
Después de unas pocas semanas de esa vida solitaria ella se perdió de súbito. Al mismo tiempo una foca extraña fue advertida entre las restantes. Ésta era notable por estar siempre vestida con un sobretodo, que había pescado sin dudas del naufragio del galeón francés Brignardello, que vino a tierra allí algunos años después.
Una noche tempestuosa una vieja arpía, quien largo tiempo había hecho negocio como ermitaña en Helmet Rock, entró al bar-salón de la Casa Cliff y allí, en medio de los aplastantes truenos y relámpagos que se derramaban por todo el horizonte, relató que había visto una foca joven con un sobretodo cómodo, sentada de forma pensativa en el pináculo de Seal Rock, y había oído con distinción las palabras familiares de un himno metodista. Tras inquirir se descubrió que el cuento estaba fundado en un hecho. La identidad de esa foca no podía ser negada más tiempo sin una franca blasfemia, y en todas las viejas crónicas de ese período ni una duda está incluso implícita.
Un día un apuesto, oscuro joven teniente de infantería, Don Edmundo por nombre, salió a la Casa Cliff para celebrar su reciente promoción. Mientras estaba parado al borde del acantilado, con todos sus amigos a su alrededor, Lady Celia, como los visitantes la habían bautizado, llegó nadando debajo de él y, tras quitarse el sobretodo, lo tendió sobre una roca. Entonces volvió sus ojos arriba y cantó un himno metodista.
Tan pronto como el valiente Don Edmundo lo oyó, se desgarró las ropas preciosas y se arrojó de cabeza a las oleadas. Lady Celia lo agarró con su boca por la cintura con destreza y, nadando a una roca exterior, se sentó y lo mordiscó suavemente en mitades. Entonces tendió los pedazos con ternura en un lugar conspicuo, se puso el sobretodo y sumergido en las aguas nunca más fue vista.
Muchas son las salvajes invenciones de los poetas sobre su carrera subsecuente, pero hasta este día nada auténtico ha surgido. Por algunos meses se hicieron esfuerzos extenuantes para recobrar el cuerpo del malvado teniente. Todo aparato que el genio pudiera inventar y habilidad que pudiera manejar fue puesto en requisición, hasta que una noche el dueño, temiendo que esos esfuerzos constantes pudieran ahuyentar a las focas, tuvo los restos removidos en quietud y enterrados en secreto.

Título original: L. S., publicado por primera vez en The Fiend's Delight, 1873, con la firma: "Dod Grile".
Imagen: Albert Bierstadt, Seal Rock, 1872.

lunes, 10 de septiembre de 2012

La viuda devota


A una viuda que sollozaba sobre la tumba de su esposo, se aproximó un caballero atractivo quien, de manera respetuosa, le aseguró que largo tiempo había abrigado por ella los sentimientos más tiernos.
-¡Miserable! -clamó la viuda-. ¡Déjeme en este instante! ¿Es éste un tiempo para hablarme de amor?
-Yo le aseguro, madam, que no he intentado descubrir mi afecto -explicó el caballero atractivo con humildad-, pero el poder de su belleza ha superado mi discreción.
-Usted debería verme cuando yo no he estado llorando -dijo la viuda.

Título original: The Devoted Widow, publicado por primera vez en Fantastic Fables, 1899, con la firma: "Ambrose Bierce".
Imagen: Wallpapers, Gothic Girls Fantasy, XXI.

La vela carmesí


Un hombre yaciente a punto de morir llamó a su esposa a su cabecera, y le dijo:
-Yo estoy cerca de dejarte para siempre; dame, por eso, una última prueba de tu afecto y fidelidad, pues, de acuerdo a nuestra santa religión, a un hombre casado que busca admisión en la puerta del Cielo, se le requiere jure que nunca se ha manchado con una mujer indigna. En mi escritorio vas a encontrar una vela carmesí, que ha sido bendecida por el sumo sacerdote y tiene un peculiar significado místico. Júrame que mientras esté en existencia tú no te vas a volver a casar.
La mujer juró y el hombre murió. En el funeral la mujer se paró a la cabeza del féretro, sosteniendo una vela carmesí prendida, hasta que ésta estuvo gastada por entero.

Título original: The Crimson Candle, publicado por primera vez en Fantastic Fables, 1899, con la firma: "Ambrose Bierce".
Imagen: Ivan Kramskoi, Inconsolable grief, 1884.