domingo, 26 de septiembre de 2010

La cosa de Nolan


Al sur de donde el camino entre Leesville y Hardy, en el Estado de Missouri, cruza la bifurcación oriental del riachuelo May, se levanta una casa abandonada. Nadie ha vivido en ésta desde el verano de 1879, y se está haciendo pedazos con rapidez. Por unos tres años antes de la fecha mencionada arriba, fue ocupada por la familia de Charles May, de uno de cuyos ancestros, el riachuelo cerca del que ésta se levanta tomó su nombre.
La familia del sr. May consistía de una esposa, un hijo adulto y dos muchachas jovencitas. El nombre del hijo era John, los nombres de las hijas son desconocidos para el autor de este boceto.
John May era de disposición morosa y torva, no fácil de mover a enojo, pero tenía el don insólito de la hosquedad, un odio implacable. Su padre era bastante otra cosa; de disposición soleada, jovial, pero con un temple vivo, como la llama súbita prendida en la brizna de paja, que se consume en un destello y no está más. No guardaba resentimientos, y al irse su enojo, estaba presto a hacer oberturas para la reconciliación. Tenía un hermano que vivía cerca, quien era distinto a él respecto a todo esto, y era una agudeza corriente en la vecindad que John había heredado su disposición de su tío.
Un día surgió un malentendido entre padre e hijo, unas palabras ásperas siguieron, y el padre golpeó al hijo en plena cara con el puño. John se limpió la sangre que siguió al golpe de forma callada, fijó su mirada en el ofensor ya penitente y dijo con una fría compostura: -Usted va a morir por esto.
Las palabras fueron oídas por dos hermanos llamados Jackson, que se aproximaban a los hombres en el momento, pero que viéndolos ocupados en una riña se retiraron, al parecer no observados. Charles May relató después la ocurrencia infortunada a su esposa, y le explicó que se había disculpado con el hijo por el golpe apresurado, pero que fue en vano; el joven no sólo rechazó sus oberturas, sino también se negó a retirar su terrible amenaza. No obstante, no hubo una abierta ruptura de las relaciones: John continuó viviendo con la familia, y las cosas fueron en mucho como antes.
Una mañana de domingo en junio de 1879, alrededor de dos semanas después de lo que se ha relatado, el May mayor dejó la casa inmediato después del desayuno, tomando una pala. Dijo que iba a hacer una excavación en cierto manantial en el bosque, a una milla de distancia, de modo que el ganado pudiera obtener agua. John permaneció en la casa por unas horas, variamente ocupado en afeitarse, escribiendo cartas y leyendo el periódico. Su manera era muy cercana a la que era usualmente, acaso estaba un poco más hosco y torvo.
A las dos dejó la casa. A las cinco retornó. Por alguna razón no conectada con algún interés en sus movimientos, y que no se recuerda ahora, la hora de su partida y la de su retorno fue notada por su madre y hermanas, como fue atestiguado en su juicio por asesinato. Se observó que su ropa estaba mojada por lugares, como si (lo que la prosecución apuntó después) él hubiera estado removiendo las manchas de sangre de ésta. Su manera era extraña, su mirada salvaje. Se quejaba de un malestar, y yendo a su habitación tomó hacia su cama.
El May mayor no retornó. Más tarde esa noche se despertó a los vecinos más cercanos, y durante esa noche y el día siguiente se prosiguió a la búsqueda por el bosque, donde estaba el manantial. Ésta resultó en poco, salvo el descubrimiento de las pisadas de dos hombres en el barro alrededor del manantial. John May mientras tanto se había puesto peor con rapidez, con lo que el médico local llamó una fiebre cerebral, y en su delirio desvarió sobre un asesinato, pero no dijo quién él concebía había sido asesinado, ni quién imaginaba había hecho la obra. Pero su amenaza fue recordada por los hermanos Jackson, fue arrestado bajo sospecha y un sheriff deputado puesto a cargo de él en su hogar. La opinión pública se puso fuertemente en su contra, y si no fuera por su malestar, habría sido colgado probablemente por la turba. Así las cosas, una reunión de vecinos se celebró el martes, y se apuntó un comité para ver el caso, y tomar una acción en cualquier momento que las circunstancias pudieran parecer merecerlo.
El miércoles todo había cambiado. Desde el pueblo de Nolan, a ocho millas de distancia, llegó una historia que arrojó una luz bastante diferente sobre el asunto. Nolan consistía de una casa de escuela, un taller de herrería, una “tienda” y una media docena de viviendas. La tienda era mantenida por un Henry Odell, un primo del May mayor. La tarde del domingo en que May desapareció, el sr. Odell y cuatro de sus vecinos, hombres de credibilidad, estaban sentados en la tienda fumando y hablando. Era un día caluroso, y ambas puertas del frente y de atrás estaban abiertas. A eso de las tres Charles May, que era bien conocido por tres de ellos, entró por la puerta de enfrente y pasó a la parte trasera. Estaba sin sombrero ni abrigo. No los miró a ellos, ni les devolvió el saludo, una circunstancia que no sorprendió pues, evidentemente, estaba herido de seriedad. Arriba de la ceja izquierda tenía una herida, un tajo profundo del que la sangre fluía, cubriendo todo el lado izquierdo del rostro y el cuello, y saturando su camisa gris claro. Por extraño que parezca, la idea más elevada en las mentes de todos fue, que él había estado peleando y estaba yendo al arroyo directo, atrás de la tienda, para lavarse.
Acaso hubo una sensación de delicadeza, una etiqueta de bosques lejanos que los refrenó de seguirlo para ofrecerle asistencia; los registros de la corte de los que, en lo principal, esta narración está extraída, guardan silencio sobre toda cosa menos el hecho. Esperaron a que retornara, pero él no retornó.
Bordeando el arroyo detrás de la tienda, había una foresta que se extendía por seis millas, de vuelta a las colinas de Medicine Lodge. Tan pronto como fue sabido en la vecindad del hombre perdido, que éste había sido visto en Nolan, hubo una marcada alteración en el sentimiento y la sensación del público. El comité de vigilancia se fue de la existencia sin la formalidad de una resolución. La búsqueda a lo largo de las boscosas tierras bajas del arroyo May fue detenida, y casi toda la población masculina de la región llevada a batir un boscaje cerca de Nolan, y en las colinas de Medicine Lodge. Pero del hombre perdido no fue hallado rastro.
Una de las circunstancias más extrañas de este caso extraño, es la acusación formal y el juicio a un hombre por el asesinato de uno, cuyo cuerpo ningún ser humano profesó haber visto, de uno que no se sabía estuviera muerto. Todos estamos más o menos familiarizados con los caprichos y las excentricidades de la ley fronteriza, pero esta instancia se piensa es única. Cualquier cosa pueda ser, está registrado que al recobrarse de su malestar, John May fue acusado por el asesinato de su padre perdido. El abogado de la defensa parece no tenía reparos, y el caso fue juzgado por sus méritos. La prosecución fue sin espíritu y perfunctoria, la defensa estableció con facilidad -en relación con el difunto- una coartada. Si durante el tiempo en que John May debió haber matado a Charles May, si él lo mató del todo, Charles May estaba a millas de distancia de donde John May debía haber estado, estaba claro que el difunto debía haber hallado la muerte a manos de algún otro.
John May fue absuelto, dejó la comarca de inmediato, y nunca se ha oído de él desde ese día. Poco después su madre y hermanas se mudaron a St. Louis. La granja habiendo pasado a posesión de un hombre, que era dueño de la tierra adyacente y tenía su propia vivienda, la casa de May siempre ha estado vacante desde entonces, y tiene la sombría reputación de estar embrujada.
Un día después de que la familia May hubiera dejado la comarca, algunos muchachos, jugando en el bosque a lo largo del arroyo May, hallaron ocultada bajo un montón de hojas secas, aunque en parte expuesta por el hocicar de los cerdos, una pala casi nueva y brillante, excepto en un lugar del borde, que estaba oxidado y manchado de sangre. El utensilio tenía las iniciales C.M. cortadas en el mango.
Este descubrimiento renovó, en cierto grado, la excitación del público de pocos meses antes. La tierra cerca del lugar donde fue hallada la pala fue examinada con cuidado, y el resultado fue el hallazgo del cuerpo de un hombre muerto. Éste había sido enterrado bajo dos o tres pies de suelo, y el lugar cubierto con una capa de hojas secas y ramitas. Había sólo una pequeña descomposición, un hecho atribuido a alguna propiedad conservante del fértil suelo mineral.
Arriba de la ceja izquierda había una herida, un tajo profundo del que la sangre había fluido, cubriendo todo el lado izquierdo del rostro y el cuello, y saturando la camisa gris claro. El cráneo había sido cortado al través por el golpe. El cuerpo era el de Charles May.
Pero, ¿qué fue lo que pasó por la tienda del sr. Odell en Nolan?

Título original: The Thing at Nolan, publicado por primera vez en San Francisco Examiner, agosto de 1891, con la firma: "Ambrose Bierce".
Imagen: Google, Haunted house, XX.